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Bosques Latitud Cero 16(1): Enero - Junio, 2026
ISSNe: 2528-7818
Aguirre, N., Salinas, T. (2026). El Oso Andino: ciencia, mito y emblema de identidad de la Universidad Nacional de Loja,
Ecuador. Bosques Latitud Cero, 16(1), 114-117. https://doi.org/10.54753/blc.v16i1.2602
Más allá de estas características, lo que llama
la atención del oso andino es la coloración que
presenta alrededor de los ojos. Sandoval y Yánez
(2019) señalan que estas suelen ser “manchas
blancas o café claras alrededor de los ojos, que
pueden extenderse hasta la quijada, garganta y
pecho”. Para Peyton (1999), González-Maya et
al. (2017), Vela-Vargas et al. (2021), como se cit.
en Montoya-Osorio et al. (2025), “las manchas
color crema o blanca que poseen alrededor de los
ojos, mejillas, garganta y pecho […] son únicas
en cada individuo, por lo que pueden considerarse
homólogas a las huellas dactilares en los humanos”.
Las creencias señalan que debido a la densidad de
los territorios en los que habita el oso, la naturaleza
sabia le aclara el pelaje alrededor de los ojos,
como intentando obsequiarle un par de anteojos
para que lograra ver con mayor precisión. Por eso
al oso andino también lo conocen como el oso de
anteojos, y también le dicen achupallero, porque
entre sus platos preferidos está el corazón de la
achupalla (Puya spp.). Además, se dice que el oso
de anteojos se reproduce de forma continua durante
todo el año, y se especula que podría sincronizar
sus tiempos de gestación para adaptarse mejor a las
condiciones ambientales y llevar a cabo procesos
de crianza en épocas con abundancia de alimentos
(Montoya-Osorio et al., 2025).
A partir de los mitos que se han creado en torno
al oso andino, se precisa que este animal llegó a
este mundo para ser el equilibrio entre la fuerza
y la razón. A su vez, para ser mediador entre la
naturaleza sagrada y la humanidad (Camacaro
y Del Moral, 2008; Lanata, 2019). Además, las
comunidades indígenas han reconocido en el oso
un ancestro a raíz de la cualidad de caminar en dos
patas que este posee (Burgos et al., 2014).
En un contexto más cercano, el oso de anteojos
se ha convertido en una gura representativa
de la región, ya que habita entre otros lugares,
en el Parque Nacional Podocarpus y su zona de
amortiguamiento, el mismo que se encuentra
ubicado en el límite fronterizo de las provincias de
Loja y Zamora Chinchipe.
Por ser Loja uno de los escenarios geográcos donde
habita el oso de anteojos, este pasa a ser emblema
de los lojanos en el ámbito deportivo. En 1979 se
crea Liga Deportiva Universitaria de Loja, que nace
adscrita al primer centro de estudios superiores de
la región Sur del país, la Universidad Nacional
de Loja. En el seno de este equipo deportivo, el
oso de anteojos toma representatividad ya que
se convierte en el nombre de la barra brava del
equipo, la misma que se conoce como “La garra
del oso” con la consigna “un solo aliento, un solo
sentimiento, una sola garra. Por ti nacimos, por ti
moriremos, desde siempre y hasta siempre”.
Por todo lo que el oso de anteojos signica para
los lojanos, su imagen también se convierte en la
mascota de la Universidad Nacional de Loja, ya que
simboliza la fuerza, la valentía y la perseverancia
que caracterizan al Alma Máter de los lojanos.
MaNu: La leyenda del esTUdioso
universitario
Se dice que una vez, un niño había prometido a
su madre y a sí mismo ser el mejor en todo. Por
eso empezó a estudiar para dominar la ciencia.
Su madre le había dicho que también tiene que
aprender a ser buena persona, que todo debe
estar en equilibrio. El niño creció y se estaba
convirtiendo en un joven que olvidó su promesa.
Su ideal parecía fracturado, así como el corazón de
su madre, que cada vez veía lejos aquello que en
otro tiempo su hijo había anunciado.
Una noche mientras dormía, el ahora joven tuvo
un sueño. Sintió que una nariz fría le olfateaba
las manos y un leve gruñido le traía un recuerdo
lejano. Estas imágenes se conjugaban con la mirada
triste de su madre. El sueño era confuso, en él se
superponía en diferente orden la imagen de la madre,
la sensación del hocico y una promesa. Cuando el
joven despertó se incorporó y permaneció sentado
en su cama tratando de entender el sueño. Cuando
pensó en su madre todo se aclaró en su memoria.
De pequeño le había prometido ser el mejor y no
lo estoy cumpliendo, susurró. Con el dorso de su
mano limpió las lágrimas que brotaron de sus ojos.
Se levantó, pero el recuerdo de sus aspiraciones
truncadas lo acompañó toda la jornada.
Durante una temporada el sueño fue recurrente: un
hocico le olfateaba la mano. A veces eran gruñidos
los que se escurrían en el sopor de la noche, otras