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Reexiones teóricas preliminares sobre la dicción desde una visión normativa
Preliminary theoretical reections on diction from a normative viewpoint
Elmer Locatelli Colmenares
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Vol. 13 Nro. 2, Julio-Diciembre 2024
ISSN: 2602-8174
Reflexiones teóricas preliminares sobre la dicción desde una visión normativa
RESUMENRESUMEN ABSTRACTABSTRACT
Este artículo constituye una primera aproximación
y el primer momento de una discusión teórica
fundamentada en una investigación bibliográca o
documental sobre la dicción y la visión normativa
que desde diferentes disciplinas lingüísticas han
caracterizado su concepción. En este sentido, se ha
realizado una rápida revisión sobre la expresión oral
como espacio natural de manifestación de la dicción,
presentando luego una expedita visión histórica de
las perspectivas de las disciplinas lingüísticas que han
asumido la dicción como materia de su competencia.
Igualmente, se muestran conclusiones preliminares a
través de las cuales se busca consolidar una denición
de la dicción así como las razones que fundamentan
la visión normativa que ha caracterizado el estudio de
la misma y su posible enseñanza.
Palabras clave: lingüística, visión normativa, dicción,
prosodia, ortología
is article constitutes a rst approach and the
rst moment of a theoretical discussion based
on a bibliographical or documentary research on
diction and the normative vision that from dierent
linguistic disciplines has characterized its conception.
In this sense, a quick review has been made on oral
expression as a natural space for the manifestation
of diction, presenting then a quick historical view of
the perspectives of the linguistic disciplines that have
assumed diction as a matter of their competence.
Preliminary conclusions are also presented in order to
consolidate a denition of diction as well as the reasons
behind the normative vision that has characterized
the study of diction and its possible teaching.
Keywords: linguistics, normative vision, diction,
prosody, orthology.
Preliminary theoretical reections on diction from a normative viewpoint
Elmer Locatelli Colmenares
Universidad Bolivariana de Venezuela, Venezuela
elmerlocatelli@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-4184-9146
RECIBIDO: 28/02/2023
ACEPTADO: 14/04/2024
DOI: https://doi.org/10.54753/eac.v13i2.1801
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INTRODUCCIÓNINTRODUCCIÓN
A continuación se ofrecen algunas reexiones
preliminares de carácter lingüístico y normativo
en relación con la dicción; por tanto, este escrito
posiblemente concierna, en primer lugar, a todo docente
universitario vinculado con el área de lenguaje entre
cuyas necesidades o intereses fundamentales se cuente
la de deliberar sobre la sustentación disciplinar que,
desde la perspectiva de la lingüística, justican en cierta
medida una posición normativa ante el abordaje de la
dicción como objeto de estudio.
En este sentido, lo que se presenta es el
producto de la revisión documental de varios autores
cuyas perspectivas han permitido la (re)construcción
de una visión teórica, lingüística y normativa sobre
la visión disciplinar de la dicción y su consecuente
posicionamiento como objeto de estudio cientíco
susceptible de ser abordado bajo una visión descriptiva
y bajo una visión normativa y prescriptiva. Para ello,
el razonamiento ha partido de la consideración de la
dicción en el contexto de la trascendencia de la expresión
oral para, luego, posicionar la dicción ante diferentes
disciplinas lingüísticas a las cuales, inclusive histórica y
doctrinariamente, le haya correspondido como área de
incumbencia.
Inicialmente, habría que señalar que el abordaje
de este tema se encuentra justicado en virtud de que
el aprendizaje más expedito que el ser humano hace
sobre la construcción y uso de las señales locutivas, lo
lleva a cabo en (y a partir de) su entorno social natural
(es decir, acompañado de sus semejantes) adquiriendo,
comprendiendo y desarrollando gran parte de las reglas
de su lengua materna. En este sentido, al referirse a la
relación que se establece entre el hablante y el uso que
hace de su lengua materna en su entorno natural, Seco
(1989, pp. 17 y 18) establece que
Se produce entonces un fenómeno de doble
sentido: por un lado, cuanto más domina el
lenguaje, más integrada está la persona en la
sociedad y más capacitada para actuar dentro
de ella; por otro lado, cuanto más sumergida
en ésta, más intenso es el enriquecimiento del
lenguaje de la persona. Es decir, el lenguaje es
algo que va íntimamente enlazado con el vivir
en sociedad; tanto, que la sociedad lo tiene como
cosa característicamente suya. Es una especie de
pacto o convenio establecido entre los hombres
que forman parte de una comunidad (nación,
país, región): todos están de acuerdo en dar a
determinados signos determinados valores; el
intercambio de estos signos entre unos hombres
y otros hace posible la vida en común.
Ese pacto o convenio se fundamenta en el
hecho de que los miembros de una sociedad aceptan
la existencia de un sistema organizado y reglamentado
de signos para asumirlo e integrarlo colectivamente
como un medio de comunicación que cada quien puede
realizar, utilizar y poner en práctica a través de su habla
individual; por lo cual
Nuestra adquisición de la lengua se realiza a
través del contacto con el habla de los demás,
contacto que nos permite convertirnos en
otros hablantes. Todos los hablantes de una
lengua poseen el conocimiento práctico
e intuitivo de ésta […] Ese conocimiento
incluye la productividad, es decir, la
capacidad de crear y comprender mensajes
[…]. Lo único que necesita el hablante es
poseer un caudal de palabras y una serie de
reglas de juego (Seco, 1989, p. 19).
No obstante, desde el punto de vista lingüístico, es
sabido que ese conocimiento práctico de palabras y reglas
(entre otros elementos y componentes de la lengua) no
es igual o uniforme entre los individuos de una sociedad
y que cada persona, en función de circunstancias
personales y contextuales, realiza la lengua con ciertas
diferencias, particularidades o peculiaridades (a veces
sutiles, a veces marcadas) que distinguen su habla de la
de los demás.
La expresión oral del individuo: ejecución natural de la
dicción
En lo concerniente a la realización del discurso
oral, uno de los aspectos en los que se evidencia con
mayor contundencia las diferencias individuales, a
través del habla, estriba en el empleo que el humano
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Como resultado, este artículo, aunque la reere, no profundiza en la mirada descriptiva de la lengua y sus usos.
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hace de sus órganos integrados, llamados órganos
de articulación o articulatorios; sistema de fonación,
aparato fonador o fonatorio; los cuales intervienen en la
generación del sonido (modicando a través de ajustes
siológicos la corriente de aire que se exhala) para
ejecutar la pronunciación de la “tira fónica” (Calsamiglia
y Tusón, 2001, p. 56) en función del conocimiento
fonológico, morfosintáctico y léxico del que dispone; de
hecho, cuando se plantea el carácter oral y auditivo de
la lengua (constatable en la práctica del habla), se asume
que el sonido, como materia prima y realidad física de
esa oralidad, ha de ser articulado y moldeado en función
de las reglas del sistema de la lengua
No obstante, si “no todas las personas tienen
las mismas posibilidades de cambiar de variedad, ya
que no todas […] tienen el mismo acceso a los bienes
lingüísticos” (Calsamiglia y Tusón, 2001, p. 58), se
evidencia que la forma de pronunciación no solo sería
el resultado de algún tipo de elección personal por parte
de quien se dispone a accionar su habla, sino también un
mecanismo que permitiría revelar tanto las posibilidades
lingüísticas individuales así como la norma de uso que
condiciona en los hablantes unas formas de expresión
verbal” (Carbó et al., 2003, p. 162).
Si se contextualizan las consideraciones
anteriores en situaciones más concretas y especícas
como es el caso de la expresión oral en el entorno
universitario estudiantil, se observará que aunque esta
constituye un instrumento cotidiano y trascendente
para el desarrollo de la enseñanza y del aprendizaje,
mayormente el abordaje de prácticas orientadas a
desarrollar y enriquecer aspectos como el de la dicción,
se circunscriben a ser apenas un punto dentro de
una asignatura, curso o materia que forma parte del
componente general curricular de la carrera.
Incluso, esta línea se extiende a las publicaciones.
Baste realizar una arqueo de fuente en la Web y el asunto
amerita tiempo, pues son muy pocas las obras que se
ocupan de esta materia, entre las más reciente y solventes,
y que se relaciona con este tema, se tiene Normas y usos
correctos en el español actual, coordinado por Milagros
Aleza Izquierdo (2011). Este amplio texto, que justica la
reexión presentada aquí, abarca las miradas normativa y
descriptiva en su consideración de la historia y evolución
de la lengua, y algunas actualizaciones dialectales y
sociolingüísticas, asimismo, las normas de la escritura
pasando por los registros del Diccionario panhispánico
de dudas. Del mismo modo, pueden mencionarse
dos avaladas por el Instituto Cervantes: Saber hablar,
compilada por Antonio Briz (2008) y El libro del español
correcto de Paredes García et al. (2012). Se localizan otras
que atienden el tema desde la oratoria, lo que incluye la
persuasión y la emoción, aspectos que en la actualidad
también revisa la pragmática: Eres un gran comunicador
(pero aún no lo sabes) de García-Mila (2014), Hablar
bien en público: Técnicas de comunicación oral… de
García González (2012) y Hablar en público: Nuevas
técnicas y recursos para inuir a una audiencia… de
Puchol y Ongallo (2008). En este 2024, aparece un
libro titulado Cómo hablar y escuchar mejor de Niño
Rojas, sin embargo es la nueva edición de una obra que
tampoco se ocupa especialmente de la dicción.
Ciertamente, en un primer momento podría
considerarse que no compete a la enseñanza universitaria
el propiciar situaciones de enseñanza y aprendizaje
de aspectos de la lengua materna de los estudiantes
que, en teoría, ya deberían haber sido adquiridos en
etapas previas de su formación. Sin embargo, dado
que el fortalecimiento de la competencia lingüística
es permanente y constituye un aspecto valorado
como positivo en entornos profesionales y sociales,
No aludiremos aquí al sistema psíquico que también se activa.
Si bien hay que destacar algunos casos en los que el plan curricular mantiene asignatura como Oratoria. Este es el caso, por ejemplo, de
la carrera Pedagogía de la Lengua y la Literatura de la Universidad Nacional de Loja, Ecuador. Otro caso es el del grado en Traducción e
Interpretación de la Universidad Ponticia Comillas, España, que contempla el curso Técnicas de expresión oral y escrita – Español. En
torno a esta última asignatura parece estar extendida bajo otras nominaciones similares.
De este texto ha reseñado Tordera Yllescas (2011, p. 141) lo siguiente: Conocer la normativa lingüística no se restringe a ser capaz de
construir un texto ortográcamente correcto, sino que conlleva la habilidad de construir puentes de interculturalidad entre el vasto dominio
hispanohablante, ya que el objetivo de la norma no es otro que la inteligibilidad lingüística por encima de fronteras políticas, sociales e/o
ideológicas. En esta etapa de desarrollo de los medios de comunicación y, especialmente, de expansión de las tecnologías digitales, la
lengua española halla un amplio abanico de usuarios que conceptualizan el mundo en esta lengua, o que viven rodeados por un contexto
hispanohablante, o que trabajan y negocian mediante esta lengua… Por tanto, el conocimiento de la norma lingüística nunca ha sido más
necesario que en nuestro siglo presente. Por ello, la publicación de un libro, como el que nos ocupa, es de suma importancia, ya que nos
permite conocer una realidad tan altamente reclamada y aclamada como es el de la norma lingüística y, sin embargo, a veces tan poco
conocida.
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la formación universitaria genera (o deberá generar)
espacios y desarrollar estrategias con nes especícos en
donde los estudiantes universitarios puedan poner en
práctica (y mejorar, si es el caso) su expresión escrita u
oral, y en este último caso, particularmente su dicción.
En este sentido, Rodríguez (2005, p. 2) plantea que
Desde la perspectiva profesional universitaria
y como humano es indispensable adquirir un
dominio cada vez mayor de un instrumento
tan necesario para expresar nuestras ideas
[…] La lengua se adquiere […] con la práctica
constante, tanto oral como escrita, para lograr
el desarrollo de la expresión personal y única
[e] intransferible de cada individuo, y con el
conocimiento y aplicación de los principios que
rigen su estructura.
Es por tal motivo que se escribe este trabajo y
que, además, al establecer la dicción como tema de este
artículo, se hace necesario, en primer lugar, contextualizar
teóricamente desde el punto de vista lingüístico dicho
fenómeno:
[Alude al] ámbito especíco de la pronunciación
con nes artísticos y profesionales. La
enseñanza de la dicción va más allá de la mera
pronunciación correcta, que se da por supuesta,
y consiste en la educación de los profesionales y
los artistas de la voz hablada: actores, rapsodas,
locutores y oradores. A veces también se emplea
el término dicción (“buena dicción”) para
referirse a una “pronunciación cuidada” (esto
es, una articulación precisa de los sonidos, una
silabación clara y, típicamente, ritmo pausado y
entonación marcada). (Cantero Serena, 1998, p.
34).
Ahora bien, también se puede revisar partiendo
de su situación natural de manifestación, es decir, la
cotidiana expresión oral del individuo. En este sentido, la
capacidad de hablar, es decir, de expresar el pensamiento
por vía oral, constituye una de las características
por las que el ser humano se distingue dentro del
reino animal (Berutto, 1979; Wul, 1981 y Escandell
Vidal, 2009); no obstante, es el hecho de constituir un
mecanismo común, natural y expedito de comunicación
interpersonal, lo que ha otorgado a la forma oral del
lenguaje la trascendencia con que ha sido revestida
a lo largo de la historia de la humanidad (Carreto,
1995). Por ello, es posible comprender que disciplinas
cientícas como la lingüística contemporánea, hayan
reconocido la trascendencia del lenguaje hablado más
allá de su adquisición natural, que no debe confundirse
con simplicidad (Cfr. Campillo-Valero García-Guixé,
2005), puesto que aparte de previo a la escritura, ha
evidenciado ser tan o mucho más desarrollado que esta,
sobre todo, en virtud de que la capacidad del habla en el
ser humano pareciera remontarse a los orígenes mismos
de la humanidad y de la constitución de las primeras
sociedades humanas, en las cuales, el comportamiento
verbal individual y colectivo ha representado un
instrumento fundamental de comunicación, transmisión
de conocimiento e intercambio de experiencias entre
grupos y entre generaciones (Lyons, 1973; Berutto,
1979).
Adicionalmente, la creciente relevancia que
se le ha otorgado en la contemporaneidad al ejercicio
de la expresión oral y, particularmente, de la dicción
queda evidenciada con mayor fuerza ante el indetenible
desarrollo de los medios de comunicación y de las
Tecnologías de Información y Comunicación (lideradas
por Internet), cuya presencia en la esfera comunicacional
privada y pública es absoluta. A este respecto y lejos de
este tecnomundo, el mismo Malmberg (1991), planteaba
en su momento que
Debido a invenciones como el teléfono, la radio,
el fonógrafo, el altavoz, los magnetófonos y el
lm sonoro, la lengua hablada reemplaza cada
vez más a la lengua escrita. Hay que saber
hablar -y hablar bien- para llegar al público
y para ganar la inuencia que se desea. La
manera de pronunciar ya no es asunto privado
del que habla, sino algo que interesa a todos
los que escuchan los mensajes de los políticos,
los estudiosos, los artistas y los representantes
ociales de la sociedad. El público ya no es,
como antes, un pequeño grupo de parientes,
amigos o vecinos, reunidos a algunos metros
de distancia, a lo sumo, alrededor del que
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habla. Los auditorios pueden contarse por
millares y por millones (p. 135).
Así, en el marco de las interrelaciones
personales, el envío y recepción de palabras
constituidas por sonidos signicativos articulados
ha representado una forma prioritaria de establecer
contacto, retroalimentación y diálogo en un entorno
social en el que “la palabra no es la única ni exclusiva
forma de comunicación” (Carreto, 1995, p. 32),
pero sí una de las más determinantes que, además,
cumple permanentemente con las condiciones de
familiaridad, disponibilidad inmediata y comodidad
(Lyons, 1973).
En este orden de ideas, Wul (1981), recuerda
que todo hablante, al querer hacer llegar el mensaje a
un oyente, parte de una referencia que es organizada
en su cerebro en función de un código concreto el
cual, a su vez, responde a unas categorías lingüísticas
y a una estructuración relacionada con las categorías
de expresión del sistema fonológico (asumiendo este
último como un conjunto de sonidos de una lengua),
categorías que obviamente vienen determinadas por
la lengua utilizada como código de comunicación.
Aunque en este contexto, la forma oral cuente
con la aceptación natural del individuo y se desarrolle
de forma intuitiva en ciertas etapas de su vida, no hay
que olvidar que la pronunciabilidad y combinación de
los grupos o complejos de sonidos están determinadas
también por los mecanismos de habla y audición
del sujeto, y por su conocimiento de la estructura
fonológica de la lengua en la que se expresa (Lyons,
1973). Es en este sentido que Páez (1991) recuerda
que las señales verbales locutivas son realizadas
sobre la base de un código lingüístico determinado
(lengua), de forma secuenciada y organizada, así
que su producción implica la articulación de sonidos
lingüísticamente organizados, reconocibles como
formaciones lingüísticas sonoras en las que se puede
encontrar distintos tipos de elementos y niveles de
estructuración. Es en el contexto de lo anteriormente
expuesto, que la dicción deriva su signicación como
fenómeno de ocurrencia lingüística, razón por la
cual resulta pertinente emprender la discusión sobre
ciertas ideas que la posicionan teóricamente.
La dicción
Al realizar un arqueo sobre el concepto de
dicción, posiblemente se ubique en diccionarios
generales o enciclopédicos (impresos o virtuales) una
noción del término que lo identica prioritariamente
con el modo de hablar y de pronunciar acertadamente
las palabras y construcciones, modo que resulta
característico de la expresión oral.
Aunque esta representa una aproximación
acertada al signicado del término, asumida
inclusive allá en 1847 por Andrés Bello (quien hacía
referencia al término como sinónimo de “palabra” o
de pronunciación correcta y legítima de la misma),
el conocimiento de lo que implica la dicción
trasciende esta concepción e incorpora aspectos
que se relacionan con diversas disciplinas que han
establecido aportes para una visión más profunda
del fenómeno.
En un esfuerzo de aproximación a algunas
concepciones sobre la dicción, se han encontrado tres
visiones que ejemplicarían parte de las posiciones que
hay en torno del fenómeno: es decir, la visión desde
la fonética, con lo cual se establece proximidad con
la perspectiva cientíca de la lingüística (desde una
concepción articulatoria); la visión desde la locución,
a través de la cual se deriva una aproximación al
fenómeno de la dicción como elemento para el
ejercicio de un ocio u ocupación; y desde la oratoria,
con criterios dirigidos hacia el arte de desempeñar la
expresión oral ante un público.
En relación con la primera forma de
concebir el fenómeno, Malmberg (1991), lingüista
especialista en fonética, plantea que la dicción implica
necesariamente la identicación y ejercitación
Se trata de una denición elaborada cuando el mundo digital, virtual no se había vulgarizado. En estos momentos, sabemos que
la comunicación alcanza a miles de millones de personas en cuestión de segundos y que se ignora qué otras inéditas y más potentes
posibilidades habrá en poco tiempo.
Como se ha dicho, este estudio documental, aunque aluda a otras disciplinas, se centrará particularmente en la dicción como unidad
fonética de carácter lingüístico y normativo.
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constante de los hábitos articulatorios con el n de
consolidar la pronunciación que debe asemejarse a la
exigida en el comportamiento lingüístico propio de la
variedad estándar formal de la comunidad lingüística
de pertenencia.
Por su parte, Castarlenas (1995), quien hace
sus planteamientos desde la perspectiva del ejercicio
profesional de la locución, señala que aunque la voz
es fundamental como herramienta de expresión
ante los receptores, solamente esta no es suciente
si se presentan peculiaridades en la pronunciación
derivadas de la adquisición de hábitos articulatorios
con ciertas particularidades durante la emisión de
los sonidos en la cadena hablada. Para este autor, la
presencia de tales peculiaridades en la dicción, desde
el punto de vista profesional, podrían interpretarse
como olvido o descuido deliberado de una obligación
elemental en la realización fonética de la palabra y de
sus elementos básicos constitutivos (sílabas y sonidos);
criterio que es compartido por Yagosesky (2001),
quien, desde la perspectiva de las presentaciones
orales efectivas, asegura que la consolidación de una
buena dicción requiere del conocimiento y dominio
de la articulación, y de los órganos articuladores,
puesto que cuando no se hace uso adecuado de los
mismos, se restringe la realización y salida del sonido,
deformándolo en su pronunciación y afectando la
comprensión del mensaje que se desea hacer llegar
al destinatario o receptor (sea este una persona, un
grupo o una audiencia masiva).
Cabe señalar un planteamiento adicional que
explica el porqué la dicción resulta un elemento de
necesaria consideración dentro del desarrollo del
comportamiento lingüístico individual; tal razón se
desprende de la postura presentada por Calsamiglia y
Tusón (2001, p. 57), quienes, al referirse al nivel fónico
de la lengua oral, aseguran de forma esclarecedora que
La manera de pronunciar genera actitudes
hacia los hablantes, actitudes positivas o
negativas, que pueden derivar o provenir de
prejuicios o de estereotipos. Así, podemos
oír que alguien dice que tales personas ‘se
comen las letras’ y hablan mal, aunque su
forma de pronunciar sea la que corresponde
a la mayoría de la población […] o que otras
hablan bien porque ‘pronuncian todas las
letras.
De estas ideas se extrapola con claridad el hecho
de que, además del entorno social particular (que
puede ser permisivo en algún momento determinado),
es la sociedad en general la que establece patrones de
valoración, criterios de corrección y mecanismos de
sanción para quienes no cumplen con las exigencias
establecidas en cuanto a la pronunciación que se debe
evidenciar en las situaciones comunicacionales propias
de los diferentes escenarios sociales formales.
En este contexto, resulta oportuno aproximarse
a la visión disciplinar que posibilite el posicionamiento
de la dicción como fenómeno de interés lingüístico.
Perspectiva disciplinar para el abordaje de la dicción
El estudio de la dicción como elemento de la
oralidad halla parte de su fundamento en el interés que
se ha manifestado por el abordaje de la pronunciación
desde distintas artes y disciplinas cientícas. En
este sentido, la propensión por la pronunciación y la
dicción se remontaría inclusive a los estudios clásicos
que griegos y romanos (Cfr. Posada Gómez, 2024, y
Bravo Jiménez, 2023), entre otros (sobre todo en la
cultura occidental), llevaron a cabo sobre la oratoria y
la retórica, en virtud de nes losócos (Cfr. Skinner,
1999 y Ferreira Paulino da Silva, 2017) y discursivos
(Toulmin, 1958 y Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1989).
En la contemporaneidad y desde el punto de vista
lingüístico, la variedad en la pronunciación constituye
ineludiblemente uno de los aspectos característicos del
lenguaje oral puesto que “las realizaciones fonéticas
están en correlación con variables sociales de todo tipo
(Calsamiglia y Tusón, 2001, p. 56), como las sexuales,
etarias, económicas, geográcas, ocupacionales y
culturales, y, además, se usan para asignar prestigio
o no. Es por ello que, desde la oratoria hasta las artes
escénicas, pasando por la gramática y la fonética, han
hecho de la pronunciación y de la dicción un elemento
importante de estudio dentro del desarrollo de las
posibilidades lingüísticas del individuo.
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Considérese incluso como “neutralizar el acento” de los artistas y comunicadores también ha sido atendida. (Crf. López González, 2019
y Díaz Pérez, 2021).
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Consecuentemente, en este escrito se ha
incorporado una sucinta referencia a la relación que
existe entre la dicción como fenómeno de estudio y
ciertas áreas del conocimiento como la prosodia, la
ortología, la ortoepía (ortoépica) y la ortofonía, por una
parte, y la fonética y la fonología, por otra.
La prosodia, la ortología, la ortoepía (ortoépica) y la
ortofonía
En principio, autores como Carbó et al. (2003)
dejan entrever que el hecho de que un individuo asuma
la posibilidad de escoger la pronunciación conveniente
en situaciones de comunicación (sobre todo, formales),
depende de aquella capacidad prescriptiva que estaría
asociada a una generalización y jación en el uso de
una norma, cuyo prestigio se consolidaría a partir de
las exigencias sociales que involucran el empleo de la
misma y de su disponibilidad para cualquier usuario de
la lengua.
En este sentido, la aceptación y consolidación
de una norma prescriptiva, pasa por la formulación de
pautas claras, pero no estigmatizantes, para los hablantes,
porque la determinación de lo correcto no debe implicar
el rechazo dogmático de lo que no lo es. Es así como
la prosodia, la ortología, la ortoepía (u ortoépica) y la
ortofonía, han asumido como parte de su campo del
saber y desde un punto de vista prescriptivo y correctivo,
el proporcionar algunas pautas básicas para que el
individuo usuario de una lengua consolide una expresión
oral correcta y con propiedad, lo cual necesariamente
incorpora consideraciones en materia de dicción.
Históricamente, en lo que al español se
reere, es pertinente señalar que es en 1852 cuando
la Real Academia Española considera explícitamente
a la prosodia como parte de la gramática (a la que
históricamente se le había conferido la atribución de
ser el arte de hablar bien), y en 1874 esta institución
establece ciertos principios fundamentales y algunas
reglas de la prosodia, la cual es denida y asumida como
la parte de la gramática encargada de enseñar la correcta
pronunciación y acentuación de las palabras (Millán,
1998), abarcando por lo tanto a la dicción.
Por otra parte, se reconoce de manera
consensuada entre investigadores contemporáneos
del lenguaje, el hecho de que es Andrés Bello el
primer estudioso hispanoamericano que, en 1835,
hace referencia explícita a la ortología como estudio
normativo de la expresión oral (preriéndola en lugar de
la prosodia) con sus Principios de Ortología y Métrica
de la Lengua Castellana, obra en la que se defendía como
norma del idioma en materia de modelo -según Gili-
Gaya (1971)- “la pronunciación de las personas cultas de
todos los países hispánicos” (p. 164).
La consolidación de un modelo correctivo
de lengua hablada que contribuyese con el cuidado
y perfeccionamiento de la lengua materna, también
fue preocupación para autores como Amado Alonso
y Pedro Henríquez Ureña, quienes en su Gramática
Castellana (primer y segundo curso) establecen especial
atención a la ortología al recoger “para su corrección
muchas pronunciaciones defectuosas que son usuales
(1938, p. 9) puesto que “la pronunciación correcta exige
que nos atengamos al buen uso en la articulación de los
sonidos, en el enlace de las palabras y en los esquemas de
entonación” (1939, p. 188).
Así, para Alonso y Henríquez Ureña, una
gramática debe pensarse para escribir y hablar conforme
al mejor uso (Henríquez, 1998) y, dentro de ella, la
ortología (a veces asociada con la fonética) representa
una disciplina normativa cuya nalidad es la recta
pronunciación de una lengua, indagando además sobre
usos y variedades sociales y regionales de los sonidos
para establecer cuáles pueden y deben usarse y cuáles
deben evitarse.
Todo ello concebido en función de la
consolidación de un canon ortológico que posibilite la
adecuación de la expresión oral de los hispanohablantes,
gracias al cual se hable, pronuncie, acentúe, entone con
corrección y propiedad, de forma tal que se emplee “la
expresión apropiada para que exista correspondencia
entre el signicante elegido y el signicado pretendido
(Millán, 1998, p. 149).
De esta forma, estos estudiosos dejan entrever
que, para el estudio y abordaje de la dicción desde
una perspectiva correctiva, hay que determinar los
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usos establecidos al mismo tiempo que se discrimina
aquellos que pueden considerarse como adecuados a
la norma y aquellos que no lo son.
No obstante, para autores como Añorga
(1954) y Miranda (1963), es la prosodia la que
constituiría una parte de la gramática cuyo objeto es
el abordaje y enseñanza de la debida pronunciación
de las palabras así como su acentuación (oral); razón
por la cual Añorga (1954) asume que entre la prosodia
y la ortología existe una relación de equivalencia,
con la única salvedad de que la primera atendería
ritmo, tono, melodía y armonía en la expresión,
mientras que la segunda se centraría en los elementos
necesarios para la correcta pronunciación oral, es
decir, la dicción. Por el contrario, Miranda (1963)
considera que el término ortología no es equivalente
al de prosodia, puesto que la primera constituye el arte
de pronunciar correctamente dado que forma parte
de la segunda en conjunto con la fonética. Gili-Gaya
(1971), por su lado, aunque acepta la caracterización
que se hace de la ortología como arte, también le
conere el carácter de fonética normativa puesto que,
según su juicio, persigue especícamente la dicción
correcta, por lo cual no es apropiado ni pertinente
que se le confunda o denomine como prosodia u
ortoepía, sobre todo en virtud de que la prosodia
se ocuparía de otros aspectos que están involucrados
en la pronunciación como realización oral de la
lengua; criterio que se acerca al de Martinet (1974)
para quien la prosodia debe abordar la energía,
frecuencia, altura melódica, y duración como
aspectos físicos ineludibles de la palabra, hechos
nicos que también y necesariamente deben estar
presentes en todo enunciado hablado, aparte de la
dicción.
Ya hacia nales del siglo XX, mientras existen
autores que maniestan su acuerdo con el hecho de
establecer entre prosodia y ortología una relación
de equivalencia sin particularizar sobre el abordaje
de la dicción (Millán, 1998), también se encuentran
estudiosos que sostienen que, ciertamente, para
hablar conforme a un buen uso, corresponde a la
gramática la incorporación de los aportes de la
fonética y la ortología, sobre todo en virtud de que en
la gramática normativa, la ortología es una disciplina
orientada a mejorar la expresión oral del usuario de
una lengua a partir de principios correctivos, al
igual que la ortografía los establece en función de la
escritura (Henríquez, 1998).
El razonamiento anterior indicaría que
la dicción escapa del abordaje de la prosodia,
dejando a esta última otros aspectos especícos de
la oralidad como la entonación, la intensidad y el
ritmo (Calsamiglia y Tusón, 2001). Sin embargo,
en materia de estudio, enseñanza y normatividad
de la expresión oral, autores como Iruela Guerrero
(2009) y Fernández (2009) retoman el término de
ortoepía u ortoépica (especícamente, competencia
ortoépica) para trasladarla a la correcta lectura
de un texto en voz alta por parte de los usuarios
de una lengua. Conforme a estos autores, gracias
a su competencia ortoépica, un hablante puede
pronunciar correctamente aquellas palabras que
haya memorizado visualmente o consultado en un
diccionario, o, en todo caso, predecir a partir de
su forma escrita, la pronunciación comprensible
de una palabra que no haya escuchado antes. Pese
a que el término se ha vinculado con la enseñanza
de segundas lenguas, no cabe duda de que también
en este caso la dicción es asumida como un soporte
de la oralidad, en función de la inteligibilidad
de la expresión, ya sea en su producción o en su
comprensión auditiva.
Al referirse a la ortoepía (‘arte de pronunciar
correctamente, según la Real Academia Española,
Actualización 2023) y a la ortofonía (‘corrección de los
defectos de la voz y de la pronunciación, de acuerdo
con la Real Academia Española, Actualización
2023), Carbó et al. (2003) han establecido que
ambas forman parte de la ortología (‘pronunciar
correctamente y hablar con propiedad’) ya que
guardan en común el hecho de prescribir criterios
que posibiliten la selección adecuada y conveniente
de formas de expresión verbal en función de
construir un discurso oral que, con propiedad, no
solo evidencie la competencia comunicativa por
parte del individuo, sino que también evite el riesgo
de incurrir en el rechazo o descrédito social en
diversas situaciones de comunicación, sobre todo
en aquellas consideradas como formales.
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En un esfuerzo por presentar con claridad la
posición que tiene la práctica de la dicción dentro
de la formación del usuario de una lengua, estos
autores han establecido diferencias sustanciales entre
la enseñanza de la expresión oral, la enseñanza de la
pronunciación y la enseñanza de la fonética.
La enseñanza de la expresión oral es el proceso
más amplio de todos, puesto que involucra aspectos
como la práctica para la adecuada realización de
los elementos segmentales (pronunciación de los
sonidos) y suprasegmentales (acento, entonación,
velocidad de elocución, pausas y ritmo); también
incorpora como parte de su interés, el formar en
la adaptación a la circunstancia comunicativa,
la adecuación del registro y el manejo de los
géneros orales en función de las circunstancias de
comunicación (Carbó et al., 2003).
Por su parte, la enseñanza de la pronunciación
se especializa en lograr que la persona realice una
producción apropiada de los elementos segmentales y
suprasegmentales de la lengua, motivo por la cual integra
la enseñanza de la expresión oral, pero se circunscribe
exclusivamente a los elementos mencionados.
Al abordar la enseñanza de los componentes segmentales
(sonidos, sílabas, palabras), se ocupa ortofónicamente
del desarrollo de la dicción, por lo que se requiere de
conocimiento en la descripción fonética de la lengua con
el n de, ante una equivocación, realizar las correcciones
fonéticas pertinentes y brindar la orientación requerida
para acercar las realizaciones fonéticas de los estudiantes
a las establecidas según la norma.
Por último, de acuerdo con Carbó et al. (2003), en
función del análisis y descripción del código lingüístico,
la enseñanza de la fonética se fundamentaría en todas
aquellas reexiones primordiales que se llevan a cabo en
torno a la caracterización y funcionamiento del sistema
sonoro de la lengua; reexiones que son compartidas en
contextos especializados de discusión, proporcionando
los fundamentos disciplinares para llevar a cabo
acertadamente la enseñanza de la pronunciación y,
dentro de ella, conducir el proceso de corrección fonética
necesario.
Luego de esclarecer la visión que desde la
perspectiva de la prosodia, la ortología, la ortoepía
(ortoépica) y la ortofonía se tiene en materia de abordaje
de la dicción, y dado que también se ha hecho referencia
tangencial a ciertos aspectos del punto siguiente, a
continuación se pasará a desarrollar puntualmente la
relación que existe entre la fonética, la fonología y la
dicción.
La fonética y la fonología
En función de la nalidad de esta investigación
y fundamentándose en los criterios comunes de autores
como Mounin (1969), Lyons (1973), Obregón (1979),
Wul (1981), Malmberg (1991), Munguía, Munguía y
Rocha (2005) y Obediente (2013), es pertinente centrar
la denición de la fonética en el hecho de constituir una
ciencia (y disciplina lingüística) cuyo objeto de estudio
está representado por la realización fónica del lenguaje
en el plano del habla, para cuyo abordaje requiere llevar
a cabo la descripción, tanto desde el punto de vista
siológico (articulatorio) como desde el punto de vista
físico (acústico), de la realización concreta de los sonidos
de una lengua, determinando cómo se actualizan los
mismos y pudiendo centrar su interés en el gran número
de particularidades articulatorias y acústicas, que pueden
caracterizar la producción de los sonidos del habla a través
de los movimientos del aparato fonador necesarios para
su emisión, así como las realizaciones concretas de estos,
es decir, los alófonos, descripción de los cuales -gracias
al PRAAT- cada día alcanza mayor precisión. En virtud
de ello, la fonética llega a describir, entre otros aspectos,
la velocidad de dicción, la intensidad, la duración, los
formantes, el modo de expulsión de aire, el lugar de
articulación, la acción de los músculos intervinientes y
puestos en funcionamiento para la realización de tales
alófonos.
El conocimiento de los aportes de la fonética,
como disciplina lingüística, para el abordaje de la dicción
resulta pertinente puesto que, en función de lo expresado
por Malmberg (1991) y Obediente (2013), si la buena
dicción exige pronunciar bien, la fonética constituye una
base necesaria para este tipo de enseñanza, sobre todo
porque, desde una perspectiva aplicada, proporcionaría
resultados de sus investigaciones que pueden ser
Reconocemos que esta es una mirada normativa, que se opone a la perspectiva de la lingüística descriptiva y explicativa debido a ello
desde el inicio se ha contextualizado que este manuscrito se desarrolla sobre la base de esta perspectiva.
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asumidos con una nalidad práctica para desarrollar
estrategias que favorezcan la superación de aquellos
problemas derivados de vicios de pronunciación, mala
realización de la respiración, desconocimiento del papel
de la glotis o desconocimiento de los mecanismos de
articulación a través del aparato fonador; todo lo cual
redundaría en benecio de una correcta realización en
la fonación.
En relación con la fonología, autores como Lyons
(1973), Wul (1981), Munguía, Munguía y Rocha (2005)
y Obediente (2013), coinciden en señalar que esta es una
ciencia que estudia la expresión fónica del lenguaje pero
en el plano de la lengua, persiguiendo determinar cuáles
son los sonidos del lenguaje que constituyen unidades
que provocan cambio de signicado y, por ende,
elementos funcionales en un sistema de comunicación
lingüística. Tales elementos funcionales (llamados
fonemas) se consolidan al hacer abstracción de las
diferencias articulatorias que podrían caracterizar la
realización acústica de los fonemas.
Además del estudio de los sonidos de una lengua, que
es uno de los niveles en que puede ser descrito el plano
de expresión del lenguaje, también le concierne a la
fonología la función distintiva que tienen las unidades
mínimas en el nivel de la expresión (los fonemas y sus
combinaciones), por lo cual analiza el valor lingüístico
concreto de las diferencias fónicas generales, pudiendo
también estudiar en las diversas lenguas, el rol que
tendrían los denominados rasgos suprasegmentales, es
decir, el acento, el ritmo y la entonación.
CONCLUSIONESCONCLUSIONES
Como pudo observarse, la dicción
representa la forma como se lleva a cabo la
pronunciación de las palabras durante la emisión
de una secuencia verbal a través del habla, emisión
que debe caracterizarse por una forma precisa y
clara como cualidades necesarias de la expresión
en la que debe hacerse un uso fonético correcto,
en lo posible, de cada palabra y de sus elementos
constitutivos, es decir, de los fonemas y de las
sílabas; de esta forma se confiere seguridad y
homogeneidad en la realización fonatoria de las
frases y oraciones para garantizar la aproximación
al valor fonológico correspondiente de los sonidos,
evidenciándose un ejercicio cuidadoso, lógico y
correcto de la expresión oral personal.
Aunque existen muchos campos desde
los cuales la dicción pudiera ser asumida como
objeto de estudio, en todos ellos comparte, como
fenómeno dentro de la expresión oral, las cuatro
siguientes características que, a su vez, constituyen
criterios orientadores que se desprenden del
desarrollo de esta discusión teórica:
En primer lugar, desde el punto de vista
lingüístico para que un hablante de determinada
lengua sea identificado como tal, debe contar y
evidenciar la capacidad de utilizar los sonidos
lingüísticos articulados relacionados con el
componente o sistema fonológico de dicha lengua
para, consecuentemente, formar sílabas y palabras
con ellos (siempre y cuando no existan razones
de índole psicológica, psicofisiológica u orgánica
que exijan consideraciones interdisciplinarias
adicionales).
En segundo lugar, el sonido propiamente
lingüístico se produce gracias al empleo de los
llamados órganos de fonación del ser humano,
conformantes de lo que se ha denominado aparato
fonador (o de fonación).
En tercer lugar, aquellos sonidos gracias
a los cuales se constituye la palabra pueden ser
aislados y diferenciados entre ellos.
En cuarto lugar, todo sonido lingüístico, en
su realización, presenta variaciones en el momento
de articularse, en virtud de la influencia que pueda
ejercer sobre él el contexto de realización (es decir,
el sonido que le sigue y el sonido que le precede),
así como los hábitos articulatorios del hablante en
el momento de su producción.
La consolidación del proceso de articulación
de los sonidos lingüísticos como la forma expedita
para la generación del habla, ha requerido que
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Como reconocemos la perspectiva variacionista, también rescatamos esta condiciones para los estudiantes de segundas lenguas.
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múltiples modificaciones en la corriente de aire,
que ya ha sido empleado en la respiración, a través
de órganos que fisiológicamente cuentan con otras
funciones y atribuciones prioritarias para la vida
del ser humano.
Este proceso fisiológico y mecánico a través
del cual se generan y emiten los sonidos que
integran las palabras, se consolida gracias a una
adquisición que integra el aspecto psicofisiológico
y motriz de la generación del mismo, el cual,
además, forma parte de una base articulatoria
coherente, sistemática y que tiene sentido para
cada comunidad lingüística en función de la
norma lingüística que se ha asumido (Gili-Gaya,
1971; y Castarlenas, 1995).
Por último y por los pronto, la correcta
dicción (pronunciación nítida) se desprende del
énfasis que se realiza en la correcta articulación
de los órganos de fonación para restringir y
modificar intencionalmente el recorrido del aire
exhalado (Alonso y Henríquez, 1938; Gili-Gaya,
1971; Lyons, 1973; Wulff, 1981; Malmberg, 1991;
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