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El rol de los observadores frente a situaciones de ciberacoso en una institución educativa
particular de Manta
e role of observers in cyberbullying situations in an educational institution in Manta
Mercedes Cedeño Giler - JuanPablo Tmpuz
105
Vol. 15 Nro. 1, Enero - Junio 2026
ISSN: 2602-8174
RESUMENRESUMEN
ABSTRACTABSTRACT
Esta investigación analiza el rol de los observadores
en situaciones de ciberacoso en una institución
educativa de Manta. Con este propósito, se
realizó una investigación de campo y se empleó
un enfoque cuantitativo con diseño descriptivo-
correlacional. Se aplicó un cuestionario Likert de
17 preguntas a 238 estudiantes de bachillerato y los
datos se analizaron con SPSS mediante la prueba
Tau-b de Kendall. Los resultados indican que los
estudiantes perciben el ciberacoso con la misma
gravedad que el acoso cara a cara y lo consideran
un problema; sin embargo, aunque la mayoría
cree que los observadores deberían involucrarse,
menos de la mitad asume una responsabilidad
individual. Los análisis correlacionales revelaron
que la inacción del observador se asocia con la
falta de conocimiento sobre cómo actuar y con la
creencia de que otro podría asumir la defensa de la
víctima. Se concluye que el rol del observador en
el ciberacoso está mediado por factores cognitivos,
relacionales y por la difusión de la responsabilidad.
Palabras clave: adolescentes, ciberacoso, educación,
inacción, observadores.
is research analyzes the role of observers
in cyberbullying situations in an educational
institution in Manta. To this end, eld research
was conducted using a quantitative approach with
a descriptive-correlational design. A 17-question
Likert questionnaire was administered to 238 high
school students, and the data were analyzed with
SPSS using Kendall's Tau-b test. e results indicate
that students perceive cyberbullying as being as
serious as face-to-face bullying and consider it
a problem; however, although most believe that
observers should get involved, less than half assume
individual responsibility. Correlational analyses
revealed that observer inaction is associated with
a lack of knowledge about how to act and with the
belief that someone else could defend the victim.
It is concluded that the role of the observer in
cyberbullying is mediated by cognitive and relational
factors and by the diusion of responsibility.
Keywords: adolescents, cyberbullying, education, inaction,
observers.
e role of observers in cyberbullying situations in an educational institution in Manta
El rol de los observadores frente a situaciones de ciberacoso en una institución educativa
particular de Manta
RECIBIDO: 30/07/2025
ACEPTADO: 21/11/2025
DOI: https://doi.org/10.54753/eac.v15i1.2543
Mercedes Cedeño Giler
https://orcid.org/0009-0007-3387-6059
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí,
Ecuador
e1309544417@live.uleam.edu.ec
JuanPablo Trámpuz
https://orcid.org/0000-0001-9999-177X
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí,
Ecuador
juan.trampuz@uleam.edu.ec
Declaración de autoría:
Análisis formal, 95394cbd-4dc8-4735-b589-
7e5f9e622b3f; Investigación, 2451924d-425e-4778-
9f4c-36c848ca70c2; Metodología, f21e2be9-4e38-
4ab7-8691-d6f72d5d5843; Redacción – borrador
original, 43ebbd94-98b4-42f1-866b-c930cef228ca
Declaración de autoría:
Conceptualización, 8b73531f-db56-4914-9502-
4cc4d4d8ed73; Supervisión, 0c8ca7d4-06ad-4527-
9cea-a8801fcb8746; Redacción – revisión y edición,
d3aead86-f2a2-47f7-bb99-79de6421164d
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INTRODUCCIÓNINTRODUCCIÓN
El creciente avance de la era digital
y el fortalecimiento de las redes sociales han
transformado radicalmente la interacción humana,
brindando innumerables maneras de conexión y
aprendizaje (Romero et al., 2025; Bates et al., 2020).
No obstante, esta expansión tecnológica ha provocado
la propagación del ciberacoso (Cordón et al.,2019;
Aguirre Gamboa y Casco López, 2024), una forma de
violencia que, al trascender el espacio físico, adquiere
una capacidad de escalar en intensidad y alcance sin
precedentes (Zhu et al., 2021). Incluso, la reciente
integración de la Inteligencia Articial (IA) introduce
una complejidad adicional, ofreciendo herramientas
para la detección (García et al., 2025; Martín, 2024),
pero también nuevos riesgos al automatizar el
hostigamiento o generar contenido falso (Martínez,
2024; Ochoa et al., 2022).
El ciberacoso es conocido como una forma
de intimidación o agresión intencional y repetida que
se lleva a cabo a través de medios digitales (Zhu et
al., 2021). Cañas (2021) profundiza en esta denición
señalándolo como una conducta de acoso que se realiza
a través del uso de la tecnología de la información y
la comunicación. Afecta signicativamente la salud
mental de las víctimas (Ngo et al., 2021), causando
ansiedad, depresión y deterioro de la autoestima,
lo que las sumerge en sentimientos de soledad y
vulnerabilidad (Cayo y Peña, 2021). Sin embargo, el
ciberacoso no se limita a la víctima directa, sino que
también incide en el clima escolar, incluyendo a los
observadores quienes, al no intervenir, experimentan
impotencia o culpa (Arévalo 2015). En denitiva, el
ciberacoso no se restringe a un solo ámbito, sino que
alcanza todos los ambientes, incluyendo de manera
crítica, el escolar (Mojica, 2023; Quezada, 2020).
Por lo tanto, es fundamental una aproximación
multidimensional al ciberacoso, que una el contexto
social, cultural y las dinámicas entre todos los actores
involucrados para conseguir mitigar, su impacto y a
fomentar entornos educativos saludables (Ngo et al.,
2021; Redondo et al., 2020).
Dentro de esta problemática surge una gura
de gran importancia: el observador. Se entiende a este
como el testigo que presencia o tiene conocimiento
de una situación de ciberacoso sin ser la víctima
directa ni el agresor, cuya inacción aumenta el
conicto (Arévalo, 2025; Calatayud et al., 2020).
En Ecuador, la perspectiva sobre el papel de los
observadores del ciberacoso en unidades educativas
particulares es aún limitada (Borbor, 2019; Mendoza-
García et al., 2024). A pesar de que uno de cada diez
estudiantes adolescentes ecuatorianos ha sido víctima
de ciberacoso (El Comercio, 2022) y de que existen
protocolos como el del Ministerio de Educación
(2023), es fundamental comprender las percepciones,
actitudes y acciones de los estudiantes, así como el
conocimiento docente sobre dichos protocolos, para
desarrollar estrategias de prevención adaptadas a la
realidad local.
La presente investigación tiene como objetivo
analizar el rol de los observadores frente a situaciones
de ciberacoso y determinar aspectos que determinen
la decisión de no actuar frente a esta problemática
entre los estudiantes de una institución educativa. Este
objetivo general se complementa con los siguientes
objetivos especícos: i) Describir las percepciones y
actitudes de los estudiantes respecto al ciberacoso y el
rol de los observadores y ii) Establecer correlaciones
entre las actitudes y los factores que inuyen en
la decisión de inacción o intervención frente a
situaciones de ciberacoso en los estudiantes.
BASES TEÓRICASBASES TEÓRICAS
Una aproximación conceptual al ciberacoso
La evolución de la comunicación digital desde
sus inicios con el correo electrónico y plataformas
tempranas como GeoCities y Classmates (Blanco
et al., 2012) ha transformado radicalmente la
interacción humana, diversicando la comunicación
y potenciando la creación de comunidades con
vastas oportunidades de aprendizaje y desarrollo. Sin
embargo, esta expansión digital ha traído consigo la
contracara oscura del ciberacoso, un fenómeno que
se maniesta desde el hostigamiento por mensajes
hasta la suplantación de identidad en plataformas
masivas (Espelage et al., 2023; Marín y Linne 2021).
La reciente emergencia de la IA ofrece herramientas
prometedoras para la detección y moderación
proactiva del acoso (Ochoa et al., 2022); no obstante,
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la misma IA también puede ser utilizada para generar
contenido falso o automatizar el hostigamiento,
exacerbando la intensidad del ciberacoso (Martínez,
2024); esto exige el desarrollo de marcos éticos y legales
que protegen los derechos digitales, especialmente en
los adolescentes (Núñez, 2012).
En este contexto de constante transformación
digital y desafíos emergentes, se hace indispensable
precisar los conceptos clave que sustentan esta
investigación. El ciberacoso como fenómeno central
de este estudio y de creciente relevancia en el ámbito
educativo, se dene como “cualquier comportamiento
agresivo, intencional y repetitivo que se lleva a cabo
a través de las tecnologías de la información y la
comunicación.” (Cardoso, 2020, p. 48).
Esta denición concuerda con la perspectiva
de De Stefano et al. (2020), quienes sostienen que
el ciberacoso habitualmente se le considera una
extensión del acoso. Asimismo, López y López
(2022), denen el ciberacoso como un acto agresivo
e intencional que se lleva a cabo a través de las
tecnologías de la información y la comunicación,
generando un desequilibrio de poder entre la víctima
y el agresor.
Para ampliar esta comprensión, según Marín
y Linne (2021), el ciberacoso abarca un espectro
amplio de conductas, desde la obtención engañosa
de información personal hasta la publicación no
consentida de contenido íntimo. Estos autores
destacan la diversidad de tácticas utilizadas por
los ciberacosadores, incluyendo la difamación,
la suplantación de identidad y el hostigamiento
constante. En un sentido similar, aunque enfocándose
en el medio utilizado para esta práctica, Zhu et al.
(2021), denen al ciberacoso como una forma de
acoso que ocurre a través de medios electrónicos,
como teléfonos móviles, computadoras y otros
dispositivos digitales, el cual puede manifestarse por
mensajes de textos, aplicaciones en redes sociales,
foros en líneas o juegos, donde el contenido puede ser
visto, compartido o en el que se puede participar.
Para comprender mejor la complejidad del
ciberacoso, es importante examinar sus diversas
manifestaciones. Álvarez (2022), identica una amplia
gama de tipos, que van desde el acoso inmobiliario,
hasta formas más conocidas como el ciberbullying.
Además, esta misma investigadora advierte que la
ciberviolencia de género se reeja en prácticas como
el grooming, la bofetada feliz, el fraping, el sexting y la
sextorsión. Por su parte, en su tipología de ciberacoso
de jóvenes Marín y Linne (2021) también resaltan la
importancia de distinguir entre estas formas, ya que
cada una debe tener diferentes maneras de visibilidad
y generar distintas reacciones en los observadores.
La identicación temprana y la comprensión de estas
tipologías por parte de los testigos son fundamentales
para fomentar una intervención efectiva y crear un
entorno digital más seguro. Siguiendo el criterio de
estos autores, se sintetizan los principales tipos de
ciberacoso, facilitando su comparación en la siguiente
tabla:
Tabla 1
Tipos de Ciberacoso
Tipos de Ciberacoso Marín y Linne (2021)
Ciberbullying Acoso sistemático
a través de medios
electrónicos.
Sonsacamiento de datos Sustraer datos, información, imágenes o videos
de la víctima por medio de la seducción, el
halago o la generación de conanza e intimidad.
Ciberviolencia de género Violencia ejercida en
línea basada en el género
de la víctima.
Difamación online Difundir rumores, calumnias, historias o datos
sensibles con el propósito de humillar a la
víctima, dañar su imagen y prestigio en sitios
web, redes sociales.
Grooming Engaño a menores en
línea con nes de abuso
sexual.
Suplantación de
identidad digital
Crear perles falsos similares al de la víctima
con el n de dañarla.
Continuacción
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Tabla 1
Tipos de Ciberacoso
Tipos de Ciberacoso Marín y Linne (2021)
Bofetada feliz
Humillación pública
a través de la difusión
de videos o imágenes
vergonzosas.
Ciberhostigamiento
Asediar a la víctima por redes sociales o
mensajería instantánea. Una variante común es
el envío reiterado de porno no consentido, es
decir, de imágenes eróticas no deseadas.
Sextorsión
Extorsión a través de
la amenaza de difundir
contenido sexual de la
víctima.
Sextorsión
Amenazar a la víctima con que, si no manda
dinero, información o imágenes eróticas, se
enviará material sexual suyo a conocidos o se
publicará en Internet.
Fraping
Suplantación de la
identidad de una
persona en redes
sociales para publicar
contenido inapropiado.
Porno venganza
Difundir o publicar sin el consentimiento de
la víctima imágenes suyas en poses eróticas o
manteniendo relaciones sexuales.
Sexting
Envío o recepción de
contenido sexual
Acoso inmobiliario
Acoso a inquilinos por
parte de propietarios
a través de medios
digitales.
El ciberacoso en contextos educativos
Actualmente, la digitalización en el campo
educativo está estrechamente vinculada al ciberacoso
con la vida cotidiana de los adolescentes, presentando
problemáticas signicativas como la ciberadicción
y el cyberbullying (Martínez, 2024). Esta realidad,
donde el espacio físico y virtual se difuminan, no
solo extiende las dinámicas de acoso más allá de las
aulas (Cañas, 2021), sino que también convierte a las
instituciones educativas en un espacio importante
para la observación e intervención frente a estas
situaciones.
Por otro lado, diversas investigaciones resaltan
la inuencia del contexto educativo en la manifestación
y el impacto del ciberacoso, especícamente el
clima familiar (Cardoso, 2020). Adicionalmente,
las estrategias de afrontamiento y el apoyo social en
el bienestar psicológico de las víctimas (Ngo et al.,
2021), ofrecen perspectivas valiosas para el diseño de
intervenciones en el ámbito escolar.
Desde una mirada sociológica, Coleman
(2011) señala que las normas y recursos disponibles
en la comunidad educativa inuyen en la conducta
de los observadores. Cuando el entorno promueve la
intervención positiva y ofrece apoyo institucional, es
más probable que los estudiantes actúen a favor de la
víctima. Por tanto, no basta con educar, sino que se
deben transformar las estructuras sociales escolares
para generar respuestas efectivas frente al ciberacoso.
En este contexto, el rol de los observadores es
fundamental para la prevención e intervención
efectiva. Para ello, es esencial comprender los
factores de riesgo asociados a los testigos (López y
López, 2022), y cómo el ciberacoso se relaciona con
problemas como la ansiedad social (Martínez, 2024).
De esta manera, fomentar una cultura escolar donde
los estudiantes y el personal educativo se sientan
empoderados para actuar como observadores activos
y prosociales es importante para construir entornos
digitales seguros.
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El rol olvidado: los observadores en el ciberacoso
De acuerdo con Quezada (2020), los
observadores del ciberacoso son quienes presencian
las agresiones digitales y tienen un rol decisivo,
ya que su actitud puede favorecer o frenar estos
comportamientos. En la misma línea, González et
al. (2020) destacan que estos actores no son pasivos,
sino piezas clave cuya respuesta puede cambiar el
rumbo de los acontecimientos. Su rol implica una
responsabilidad ética y social, pues su reacción ya
sea ignorar, intervenir o participar puede inuir en la
protección de la víctima o la continuidad del acoso.
En este sentido, la inacción de los
observadores no solo perpetúa la violencia, sino
que puede aumentar el sufrimiento emocional de la
víctima, la cual se siente aislada (Cañas, 2021). No
obstante, Ngo et al. (2021) muestran que muchos
observadores mostrar que muchos observadores sí
intentan intervenir en contextos escolares y en redes
sociales, lo que demuestra que, con las condiciones
adecuadas, pueden transformarse en impulsores
del cambio. Por ello, resulta fundamental diseñar
estrategias educativas que fortalezcan este potencial y
promuevan una cultura digital basada en respeto y en
la empatía. Por su parte, Arévalo (2015), indica que
los observadores pueden reforzar el acoso si optan
por la pasividad, mientras que Redondo et al. (2020)
los identica como un motor invisible de la violencia,
pues su inacción está motivada por temores (como
represalias o aislamiento social), perjudicando así a
las víctimas.
Desde una perspectiva psicológica, la teoría del
aprendizaje social de Bandura y Walters (1977) explica
que los individuos aprenden conductas observando a
otros. Esto implica que los observadores pueden imitar
comportamientos agresivos si perciben que estos no
tienen consecuencias negativas o son socialmente
aceptados. En un estudio posterior, Bandura (1999)
introduce el concepto de desvinculación moral,
mediante el cual los observadores justican su inacción
o participación, al minimizar el daño perpetrado o
responsabilizar a la víctima. Esta perspectiva revela
cómo se pueden normalizar prácticas de ciberacoso
sin asumir responsabilidad.
Para comprender mejor estas dinámicas y
los matices en la participación de los observadores,
y siguiendo la contextualización de Salmivalli et al.
(1996) quienes propusieron un modelo de roles para
los participantes en situaciones de acoso escolar, se
han adaptado estas descripciones al contexto del
ciberacoso. De esta manera, los roles fundamentales
se pueden identicar en la dinámica de acoso digital
se detallan en la Tabla 2.
Tabla 2
Los roles del observador frente al ciberacoso
Roles que el
observador puede
desarrollar
Denición en el contexto del
ciberacoso
Víctima (victim) Receptor de mensajes o conductas
agresivas, intencionales, que
buscan humillar.
Acosador (bully) Utiliza medios electrónicos para
enviar mensajes agresivos, busca
intimidar o dañar a la víctima.
Asistente
del acosador
(Assistant)
Apoya al acosador quiere lograr
estatus y aceptación dentro del
grupo.
Defensor de
la víctima
(Defender)
Muestra empatía hacia la víctima
interviene directa o indirectamente
para ayudarla puede desaar al
acosador.
Espectador
reforzador
(Reinforcer)
Alienta al acosador a continuar,
busca aceptación o evita
convertirse en el próximo objetivo.
Espectador
externo (Outsider)
No apoya ni al acosador ni a
la víctima puede sentir miedo
incertidumbre o creer que no es
asunto suyo
Ciberacoso en el sistema educativo ecuatoriano
El ciberacoso en el sistema educativo
ecuatoriano es un problema creciente que afecta
signicativamente a los adolescentes. Según datos
publicados, aproximadamente el 10% de los jóvenes
entre 12 y 18 años experimentan esta forma de
violencia virtual, con aproximadamente uno de cada
20 actuando como agresor (El Comercio, 2022).
110
Para abordar este problema se han
implementado varias medidas de seguridad y
prevención en Ecuador Ministerio de Educación
(2023), por ejemplo, ha desarrollado el Protocolo de
Actuación Frente a Situaciones de Violencia Digital
detectadas en el Sistema Nacional de Educación. Este
instrumento clave establece lineamientos claros para
la prevención, detección, intervención y seguimiento
de casos de ciberacoso en el entorno educativo.
Este protocolo guía a la comunidad educativa en
el uso correcto de las TIC, la promoción de la denuncia
y el apoyo a las víctimas, así como en la aplicación
de medidas restaurativas y disciplinarias. Asimismo,
se promueven prácticas restaurativas como métodos
proactivos para reducir el acoso escolar (Borbor,
2019). La sensibilización y la educación digital desde
edades tempranas también son estrategias claves para
prevenir el ciberacoso y fomentar un entorno seguro
en línea. (Mendoza et al., 2024)
METODOLOGÍAMETODOLOGÍA
Diseño, instrumento y procedimiento
Este estudio se enmarca en un enfoque
cuantitativo con un diseño descriptivo-correlacional.
Su objetivo es describir y analizar la relación entre
variables relacionadas con el rol de los observadores
en situaciones de ciberacoso en su prevención y
manejo dentro de la Institución Educativa.
Para alcanzar los objetivos de investigación,
se aplicó un cuestionario estructurado que consta de
20 ítems totales (3 de caracterización demográca
y 17 de escala). El instrumento de diseño ad hoc
y creado por los investigadores, tomó como base
y referente el trabajo de Álvarez (2022) sobre
ciberacoso en el ámbito universitario. Esta referencia
se utilizó debido a la similitud metodológica (uso
de enfoque cuantitativo y encuesta estructurada) y
la solidez teórica en la medición de los constructos
de ciberacoso y sus roles. La adaptación se centró
en ajustar el lenguaje del contexto universitario al
de bachillerato. El instrumento se estructuró en un
formato Likert de 5 puntos, con anclajes denidos
para medir el nivel de acuerdo o desacuerdo de los
participantes: 1 (Totalmente en desacuerdo), 2 (En
desacuerdo), 3 (Ni de acuerdo ni en desacuerdo), 4 (De
acuerdo) y 5 (Totalmente de acuerdo). Los 17 ítems
de la escala Likert se distribuyen en tres dimensiones:
Percepción y consecuencias del ciberacoso, actitudes
y responsabilidad del observador y barreras para la
intervención e inacción. El instrumento fue revisado,
corregido y validado por los investigadores antes de
hacer la encuesta denitiva.
Los ítems exploraron tanto la intervención
activa [“Si presencio ciberacoso, aviso a un adulto
(profesor, padre/madre u otro) sobre la situación”]
como las barreras a la intervención [“Tengo miedo
de convertirme en el próximo blanco del acoso si
deendo a la víctima”].
La muestra probabilística de 238 estudiantes
fue seleccionada mediante un muestreo aleatorio
simple de la población total de bachillerato de la
institución (N=623). El tamaño de la muestra se
calculó estadísticamente para obtener un nivel de
conanza del 95% y un margen de error admitido de
5%.
La encuesta se aplicó de manera presencial
a la muestra seleccionada el 4 de junio de 2025.
Aunque esta modalidad requirió más recursos que la
alternativa en línea utilizada por el referente, se eligió
la presencial para maximizar la tasa de respuesta
y asegurar la calidad de los datos a través de una
interacción directa y controlada.
Además, los datos obtenidos mediante la
encuesta fueron analizados en el soware SPSS, el
cual permitió procesar la información de manera
eciente. Para evaluar la correlación entre las variables
estudiadas se aplicó la prueba Tau-b de Kendall,
adecuada para datos ordinales provenientes de escalas
tipo Likert, permitiendo identicar y determinar la
fuerza de la relación entre las variables. Desde una
perspectiva aplicada al estudio comunicacional, esta
técnica permitió recopilar información sistemática
y estandarizada sobre el fenómeno, abordando
dimensiones claves como la edad, el género y datos
demográcos como el curso y la especialidad
de bachillerato, además de las experiencias
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comunicativas personales de los estudiantes en el
entorno digital, e incluyendo tanto la perpetración
como la victimización en casos de ciberacoso.
Así mismo, se garantizó el anonimato
y condencialidad de los participantes en esta
investigación; si bien, se contó con la autorización
por escrito de las autoridades del plantel, se asumió
el compromiso de mantener en reserva el nombre de
la entidad y con ello asegurar la protección absoluta
de la identidad de los estudiantes que contestaron el
instrumento.
Participantes
Para el desarrollo de esta investigación se
tomó como estudio de caso una unidad educativa,
particular, ubicada en la ciudad de Manta, provincia
de Manabí, Ecuador. La población de interés estuvo
constituida por la totalidad de los estudiantes de
bachillerato de esta unidad educativa, sumando 623
estudiantes matriculados en el período académico
2025.
De esta población, se seleccionó una muestra
probabilística de 238 estudiantes para participar en la
encuesta, mediante un muestreo aleatorio simple. El
tamaño de la muestra se calculó estadísticamente para
obtener un nivel de conanza del 95% y un margen de
error admitido del 5%, lo que permite la inferencia de
los resultados a la población total de bachillerato de la
institución.
Para la caracterización de la muestra, el
instrumento de diseño ad hoc incluyó tres preguntas
cerradas de identicación. Se pudo determinar
que el 63.4% de los encuestados son hombres, muy
por encima del 30.7% que representa la población
femenina y el 5.9% de estudiantes que prerieron
no identicar su género. Respecto a la edad, los 238
estudiantes tienen entre 14 y 18 años, siendo el mayor
segmento poblacional los encuestados de 15 años,
con el 35.3% de la muestra. Finalmente, el 36.1% de
los encuestados cursan el primero de bachillerato, el
27.7% el segundo de bachillerato y el 36.1% el tercero
de bachillerato.
RESULTADOSRESULTADOS
Figura 1
El ciberacoso puede causar un daño emocional tan serio
como el acoso cara a cara
Fase descriptiva
Ciberacoso y su impacto emocional
La percepción de los participantes sobre si
el ciberacoso causa un daño emocional tan serio
como el acoso cara a cara se ilustra en la gura 1.
Esta armación se planteó a los estudiantes con el
propósito de establecer el nivel de gravedad que
otorgan al ciberacoso, frente al acoso fuera del
escenario digital. Los resultados demuestran que
7 de cada 10 estudiantes otorgan el mismo nivel de
afectación al ciberacoso que a su par analógico; este
resultado reeja una tendencia positiva, ya que la
mayoría de los estudiantes reconoce la gravedad
emocional del ciberacoso. Reconocer el serio impacto
emocional es importante para la prevención, pues
estudiantes informados tienden a tomar más en serio
las situaciones de acoso y podrían estar más dispuestos
a intervenir o buscar ayuda. Por el contrario, un 15.5%
se mostró contrario a esta armación y un porcentaje
similar evidencia una indecisión frente a esta cuestión,
como se muestra en la siguiente gura:
Frecuencia del ciberacoso entre pares
Al consultar sobre qué tan recurrente es el
problema del ciberacoso en la población estudiantil,
las respuestas favorables a esta armación son
mayoritarias, con un 63% de estudiantes que se
muestran de acuerdo; este resultado reeja una
tendencia positiva; este amplio consenso sugiere
que muchos jóvenes atestiguan o conocen casos
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habituales de ciberacoso, lo cual es preocupante
porque implica un clima escolar donde la agresión
digital es latente. El porcentaje de indecisión frente
a esta nueva cuestión es del 27%, lo que sugiere la
existencia de un grupo considerable de estudiantes
que aún no tiene una postura denida o no percibe
el ciberacoso como un problema frecuente, indicando
Frecuencia Porcentaje Porcentaje
válido
Porcentaje
acumulado
Válido
Totalmente en desacuerdo 12 5,0 5,0 5,0
En desacuerdo 12 5,0 5,0 10,1
Ni de acuerdo ni en desacuerdo 65 27,3 27,3 37,4
De acuerdo 82 34,5 34,5 71,8
Totalmente de acuerdo 67 28,2 28,2 100,0
Tota l 238 100,0 100,0
Tabla 3
El ciberacoso es un problema frecuente
La responsabilidad de los observadores
El 69 % de la muestra total comparte la visión
de que los observadores deberían involucrarse. Por
otro lado, un 20,2 % de los encuestados se mantuvo
en una posición neutral. Estos datos subrayan
claramente que los encuestados son conscientes que
deben intervenir ante situaciones de ciberacoso.
Esta actitud mayoritariamente es favorable, ya que
Frecuencia Porcentaje Porcentaje
válido
Porcentaje
acumulado
Válido
Totalmente en desacuerdo 12 5,0 5,0 5,0
En desacuerdo 12 5,0 5,0 10,1
Ni de acuerdo ni en desacuerdo 48 20,2 20,2 30,3
De acuerdo 94 39,5 39,5 69,7
Totalmente de acuerdo 72 30,3 30,3 100,0
Tota l 238 100,0 100,0
Tabla 4
Los observadores de ciberacoso deberían involucrarse para ayudar a la víctima
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revela una conciencia colectiva de deber: los jóvenes
reconocen la importancia de no ser espectadores
pasivos. Es un indicio esperanzador porque sugiere
que existe una base ética sobre la cual construir
intervenciones; los estudiantes saben que “quien
observa, tiene responsabilidad, lo cual puede
traducirse en solidaridad y apoyo efectivo si se
canaliza adecuadamente.
lagunas en la percepción que podrían deberse a falta de
información o visibilidad del problema. Por su parte,
el nivel de desacuerdo se sitúa en el 9.7%. Este amplio
consenso sugiere que muchos jóvenes atestiguan o
conocen casos habituales de ciberacoso, lo cual es
preocupante porque implica un clima escolar donde
la agresión digital es latente.
113
Vol. 15 Nro. 1, Enero - Junio 2026
ISSN: 2602-8174
La responsabilidad personal del testigo
Los resultados indican que, si bien existe una
inclinación a considerar la intervención como una
responsabilidad personal (63%), el grado de consenso es
ligeramente inferior en comparación con la aceptación
general sobre la necesidad de involucramiento de los
observadores (69.8%). Especícamente, una clara
mayoría de los participantes (63%) manifestó estar de
acuerdo o totalmente de acuerdo con la armación
si soy testigo de ciberacoso, es mi responsabilidad
hacer algo al respecto. Sin embargo, una cuarta parte
Tabla 5
Si soy testigo de ciberacoso, es mi responsabilidad hacer algo al respecto
Frecuencia Porcentaje Porcentaje
válido
Porcentaje
acumulado
Válido
Totalmente en desacuerdo 19 8,0 8,0 8,0
En desacuerdo 14 5,9 5,9 13,9
Ni de acuerdo ni en desacuerdo 55 23,1 23,1 37,0
De acuerdo 91 38,2 38,2 75,2
Totalmente de acuerdo 59 24,8 24,8 100,0
Tota l 238 100,0 100,0
El poder de los observadores
Los datos obtenidos revelan que una
abrumadora mayoría de los encuestados (73.1%)
manifestó estar de acuerdo o totalmente de acuerdo con
la armación: los compañeros que observan pueden
marcar la diferencia para detener el ciberacoso. Una
minoría (19.3%) se mantuvo en una posición neutral,
indicando no estar ni de acuerdo ni en desacuerdo;
entretanto una proporción ínma (7.5%) de
participantes expresó algún grado de desacuerdo. Este
optimismo es signicativo: indica que los estudiantes
Frecuencia Porcentaje Porcentaje
válido
Porcentaje
acumulado
Válido
Totalmente en desacuerdo 19 8,0 8,0 8,0
En desacuerdo 14 5,9 5,9 13,9
Ni de acuerdo ni en desacuerdo 55 23,1 23,1 37,0
De acuerdo 91 38,2 38,2 75,2
Totalmente de acuerdo 59 24,8 24,8 100,0
Tota l 238 100,0 100,0
Tabla 6
Los compañeros que observan pueden marcar la diferencia para detener el ciberacoso
de encuestados (23.1%) se mantuvo en una posición
neutral, indicando no estar ni de acuerdo ni en
desacuerdo. Estos hallazgos sugieren que, aunque
existe una tendencia a reconocer la responsabilidad
individual, el consenso favorable baja cuando se
trata esto como una obligación por parte de los
observadores. El aspecto positivo es la presencia de
esa inclinación a responsabilizarse, pero el aspecto
negativo radica en la difusión de la responsabilidad,
al atribuir esta responsabilidad a otros observadores.
creen en su poder colectivo para inuir en la situación
y proteger a la víctima. Esta percepción constituye
un pilar para la prevención, pues un alumnado que
se sabe ecaz puede conformar una red de apoyo
contra el acoso. En el sector educativo, se debe
capitalizar esta creencia fortaleciendo las habilidades
de intervención: enseñar cómo pueden marcar la
diferencia en la práctica (por ejemplo, denunciando
el acoso, apoyando a la víctima o confrontando al
agresor de forma segura).
114
Frecuencia Porcentaje Porcentaje
válido
Porcentaje
acumulado
Válido
Totalmente en desacuerdo 12 5,0 5,0 5,0
En desacuerdo 12 5,0 5,0 10,1
Ni de acuerdo ni en desacuerdo 65 27,3 27,3 37,4
De acuerdo 82 34,5 34,5 71,8
Totalmente de acuerdo 67 28,2 28,2 100,0
Tota l 238 100,0 100,0
Tabla 7
Cuando soy testigo de ciberacoso, normalmente no hago nada
La inacción de los observadores
La conducta reportada por los participantes
cuando son testigos de ciberacoso revela un patrón de
respuesta más distribuido y una notable proporción
de indecisión entre los encuestados. La categoría más
frecuente fue ni de acuerdo ni en desacuerdo con un
33,6%, lo que indica que una parte considerable de los
participantes se mantiene en una postura neutral o de
indecisión; sin embargo, lo más preocupante es que
cerca de un 28% de los encuestados conese que no
interviene (sumando quienes estuvieron de acuerdo
en distintos grados con la inacción). Los encuestados
que manifestaron desacuerdo con la armación
fueron ligeramente más numerosos que aquellos que
Fase correlacional
Con el propósito de establecer correlaciones
entre la decisión de no actuar frente al ciberacoso y
diferentes criterios que podrían ser utilizados como
justicativos, se aplicó la prueba estadística de Tau-b
de Kendall (τB). Esta es una prueba no paramétrica
utilizada para medir el grado de asociación entre dos
variables ordinales.
Los análisis revelaron varias correlaciones
estadísticamente signicativas entre la decisión de no
actuar (variable dependiente) y las posibles razones de
los estudiantes para la inacción (variables predictoras).
Los resultados detallados de las correlaciones se
presentan en las siguientes tablas.
Cedeño Giler, M. y Trámpuz, J. P. Rev. Educ. Art. y Com. Vol. 15 Nro. 1, Enero - Junio 2026: 104 - 120
se mostraron de acuerdo. Este patrón mixto implica
que, si bien existe un grupo signicativo dispuesto a
actuar, muchos jóvenes aún no toman una posición
rme o tienden a la pasividad. Las implicaciones para
la prevención son claras: se requiere fortalecer las
intervenciones educativas para mover a los estudiantes
desde la neutralidad o pasividad hacia la acción;
para esto deben abordar las causas de la inacción
(miedo, dudas, falta de habilidades) y motivar a
más observadores a involucrarse, proporcionando
ejemplos, prácticas y apoyo institucional que les den
conanza para romper la indiferencia y así prevenir
que el ciberacoso prospere por falta de reacción.
La expectativa de que otros ayuden
Se encontró una correlación positiva y
signicativa entre la armación “Pienso que otra
persona ayudará a la víctima así que no es necesario que
intervenga yo” y la decisión de no actuar. Se obser
que a mayor expectativa de que otros intervengan,
mayor fue la tendencia a la inacción propia (Tau-b
de Kendall=0.288,p<0.001). En términos prácticos,
esta correlación muestra que muchos estudiantes se
desentienden esperando que otro intervenga, lo que
es un patrón preocupante ya que puede derivar en que
nadie actúe nalmente. Esta actitud negativa mina la
efectividad de la respuesta colectiva: la conanza en
el otro” sirve de excusa para la pasividad.
115
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ISSN: 2602-8174
Tabla 8
Otra persona ayudará a la víctima
Val or Error estándar asintóticoa Aprox. Sb Aprox. Sig.
Ordinal por ordinal Tau-b de Kendall ,288 ,059 4,838 ,000
N de casos válidos 238
Tabla 9
Correlación entre la falta de conocimiento para intervenir y la inacción ante el acoso
Val or Error estándar asintóticoa Aprox. Sb Aprox. Sig.
Ordinal por ordinal Tau-b de Kendall ,154 ,058 2,646 ,008
N de casos válidos 238
La falta de conocimiento como barrera
Así mismo se observó una correlación positiva
y signicativa entre “No saber que hacer para detener o
enfrentar el ciberacoso como observador” y la decisión
de no actuar (Tau-b Kendall=0.154,p= 0.008). En otras
palabras, cuando los estudiantes no tienen claro cómo
ayudar, es más probable que opten por la inacción, lo
cual es un resultado lamentable pero comprensible.
Tabla 10
Correlación entre la falta de conocimiento para intervenir y la inacción ante el acoso
Val or Error estándar asintóticoa Aprox. Sb Aprox. Sig.
Ordinal por ordinal Tau-b de Kendall ,266 ,059 4,469 ,000
N de casos válidos 238
La distancia relacional con la victima
Adicionalmente, se identicó una correlación
positiva y signicativa entre la armación “Si la
persona acosada no es mi amigo cercano, es menos
probable que intervenga” y la decisión de no actuar
(Tau-b de Kendall =0.266,p <0.001). Esto implica
que la empatía y el sentido de obligación se diluyen
cuando la víctima es simplemente un conocido o un
compañero no íntimo. Es un hallazgo preocupante
porque sugiere que algunas víctimas podrían quedar
desprotegidas precisamente cuando más necesitan
ayuda, solo porque no tienen un lazo personal fuerte
con quienes presencian su sufrimiento (situación
Este factor es negativo porque una carencia formativa
y de concienciación está permitiendo que continúe el
acoso. Por ello, es crucial que los programas educativos
incluyan talleres prácticos sobre cómo intervenir
ante esta problemática (por ejemplo, cómo reportar
contenido, apoyar emocionalmente a la víctima, o
buscar ayuda de autoridades).
que puede presentarse con miembros de minorías
o personas con discapacidad). En términos de
impacto, reeja un décit en la cultura de solidaridad
universal, ya que el apoyo puede depender de la
anidad, dejando de lado el principio de ayudar por
justicia o humanidad común. Para la prevención, esta
tendencia negativa indica que se debe trabajar en las
unidades educativas en valores de empatía extensiva
y ciudadanía digital responsable. La formación debe
animar a los estudiantes a apoyar a cualquier víctima
de acoso, resaltando que el rechazo al abuso es un
deber comunitario, no solo algo que uno hace por sus
amigos.
116
El miedo a ser el próximo objetivo
Por otro lado, los análisis también incluyeron
la exploración de factores emocionales como posibles
justicativos, pero no arrojaron correlaciones
estadísticamente considerables con la decisión de no
actuar. En este sentido, no se pudo evidenciar una
relación entre el miedo a convertirse en el próximo
blanco del acoso (Tengo miedo de convertirme en el
Tabla 11
Miedo de convertirse en próximo blanco de acoso
Val or Error estándar asintóticoa Aprox. Sb Aprox. Sig.
Ordinal por ordinal Tau-b de Kendall ,021 ,061 ,351 ,726
N de casos válidos 238
La preocupación por el rechazo social
De manera similar, la preocupación por
el rechazo de amigos o compañeros al intervenir
tampoco mostró una correlación estadísticamente
signicativa con la decisión de no actuar (Taub-de
Kendall=0.042,p=0.475). Lo que parece indicar en
este caso que la presión social no ejerce una inuencia
negativa en los estudiantes frente al ciberacoso. Este
Tabla 12
Temor al rechazo por intervenir en un ciberacoso.
Val or Error estándar asintóticoa Aprox. Sb Aprox. Sig.
Ordinal por ordinal Tau-b de Kendall ,042 ,059 ,714 ,475
N de casos válidos 238
DISCUSNDISCUSN
El estudio examinó el rol de los observadores
en situaciones de ciberacoso entre adolescentes en
Manta, ofreciendo una perspectiva empírica sobre
algunos factores que se relacionan con su inacción.
Los hallazgos resaltan la dinámica de la difusión de
la responsabilidad en el entorno digital, así como
la importancia de la percepción de autoecacia y la
necesidad de diferenciar los motivos de la pasividad.
Por otro lado, los resultados de esta investigación
que identican la correlación positiva (τB = 0.231, si
usamos el valor que vimos antes) entre la inacción del
observador y la expectativa de que otros intervendrán,
proporcionan un respaldo empírico a la presencia
del fenómeno de la difusión de la responsabilidad
en el ciberacoso entre adolescentes de un plantel de
Manta, Ecuador. Este concepto ha sido ampliamente
explorado en el acoso tradicional (Salmivalli et
al., 1996) y su aplicabilidad al entorno digital es
consistente con estudios como los de Arévalo (2015) y
González et al. (2020), quienes también documentan
esta dinámica en el ciberacoso. En esta línea, la idea
de que los compañeros que observan pueden marcar
la diferencia, si bien es ampliamente aceptada entre
los encuestados, se ve aminorada por la pasividad
individual cuando la responsabilidad se diluye entre
el colectivo online (Redondo et al., 2020).
Cedeño Giler, M. y Trámpuz, J. P. Rev. Educ. Art. y Com. Vol. 15 Nro. 1, Enero - Junio 2026: 104 - 120
próximo blanco del acoso si deendo a la víctima) y
la decisión de no actuar frente al ciberacoso (Tau-b
de Kendall =0.021, p=0.726). Esta ausencia de miedo
desmedido es positiva porque elimina un obstáculo
común en otros contextos, donde el pánico a ser el
siguiente objetivo puede frenar la intervención, pero
aquí ese factor no pesa tanto.
resultado también es positivo, puesto que el miedo a
ser excluido o mal visto socialmente por intervenir
no muestra una inuencia relevante en la inacción.
Desde la óptica de prevención, este hallazgo brinda
una ventaja importante para las campañas antiacoso,
que pueden destacar que ayudar está socialmente
aceptado, reforzando normas grupales positivas
donde se valora la empatía y el coraje cívico.
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ISSN: 2602-8174
CONCLUSIONESCONCLUSIONES
Por otra parte, la correlación relevante entre la inacción
y la distancia relacional con la víctima subraya la
importancia de los lazos afectivos en la motivación
para ayudar. Esto es consistente con la literatura que
destaca el papel de la empatía y la conexión social
en el comportamiento prosocial (Cañas, 2021). Los
observadores encuestados pueden sentirse menos
obligados a intervenir cuando no perciben un vínculo
personal con la víctima, un aspecto que Ngo et al.
(2021) también aborda al discutir el impacto del apoyo
social en el bienestar psicológico y las estrategias de
afrontamiento.
Sin embargo, un hallazgo particular en este
estudio es la ausencia de correlación entre el miedo
a convertirse en blanco de ataques o el rechazo
social y la decisión de no actuar. Esto contrasta
con investigaciones generales que identican una
variedad de factores de riesgo para la victimización
y perpetración del ciberacoso (Zhu et al., 2021). De
hecho, dichos estudios sugieren que la experiencia
previa de victimización es un factor clave en la
decisión de no intervenir.
Es posible que, en la población estudiada, la
inacción esté inuenciada por factores cognitivos,
tales como la minimización del daño percibido o la
atribución de la culpa a la víctima o al agresor. Esto
signica que la pasividad del observador no surge
tanto de temores directos a las represalias (miedo),
sino más bien de juicios internos sobre la naturaleza
del problema y quién debe resolverlo.
Por otro lado, la correlación positiva entre no
saber qué hacer y la inacción enfatiza la importancia
de la autoecacia percibida en la intervención.
Si los observadores carecen de las habilidades o
el conocimiento práctico para intervenir, es más
probable que permanezcan pasivos, un aspecto clave
en la prevención del ciberacoso, como lo advierte
Mendoza et al. (2024).
Las implicaciones de esta investigación
son signicativas para el diseño de programas
de prevención e intervención del ciberacoso en
instituciones educativas, particularmente en el
contexto ecuatoriano. Teóricamente, el estudio
rearma la relevancia del efecto del observador y la
difusión de la responsabilidad en el entorno digital,
aunque con matices sobre el peso de los factores
emocionales en esta población.
Es fundamental que las estrategias de
prevención vayan más allá de solo identicar
el ciberacoso, deben centrarse en educar a los
adolescentes sobre la responsabilidad individual
en la intervención, contrarrestando la tendencia a
la difusión de la responsabilidad; asimismo, deben
fomentar la empatía universal hacia cualquier
víctima, independientemente de la cercanía con ella,
promoviendo una cultura de apoyo más allá de los
círculos de amistad cercanos.
Finalmente, la alta proporción de estudiantes
que se mostraron neutrales tanto en la percepción de
frecuencia del ciberacoso como en su propia inacción
sugiere la necesidad de estrategias que activen a este
grupo indeciso, transformando la pasividad potencial
en acción positiva. Los protocolos educativos
existentes del Ministerio de Educación (2023) podrían
ser reforzados con capacitaciones especícas para los
observadores.
El ciberacoso es percibido como un problema
latente y de seria gravedad emocional en la población
estudiantil objeto de estudio. Existe un amplio
consenso entre adolescentes encuestados sobre la
equivalencia del daño emocional causado por el
ciberacoso y el acoso cara a cara, lo que resalta la
necesidad de abordar esta problemática con la misma
urgencia y relevancia. Así mismo, los estudiantes
reconocen de manera mayoritaria la importancia de
trascender el rol pasivo del observador para asumir
una postura más activa y protagónica frente a estos
incidentes.
La inacción de los observadores frente
al ciberacoso se encuentra mediada por factores
principalmente cognitivos y relacionales. Este estudio
ha identicado que la decisión de no intervenir
se asocia de forma positiva con la difusión de la
responsabilidad, expresada en la creencia de que
118
otra persona” asumirá el rol de ayudar a la víctima,
lo que diluye el compromiso individual. Asimismo,
el desconocimiento de estrategias concretas para
afrontar estas situaciones y la ausencia de un
vínculo de amistad cercana con la persona acosada
incrementan de manera notable la probabilidad
de que el observador permanezca pasivo. Estos
hallazgos evidencian la necesidad de fortalecer tanto
la formación en habilidades de intervención como la
construcción de una cultura escolar donde la empatía
y la responsabilidad se extiendan más allá del círculo
de amistades cercanas.
A pesar del reconocimiento colectivo sobre
la necesidad de intervención, la aceptación de una
responsabilidad individual para actuar frente al
ciberacoso no está plenamente internalizada entre
los observadores. Aunque se valora la importancia
de romper la pasividad, asumir la obligación de
intervenir es notablemente inferior. Esto sugiere
que, pese a haber una conciencia sobre el problema,
aún persisten barreras que no permiten la acción
individual concreta y directa.
Pese a estos aportes, se advierte como limitante
de esta investigación haber tomado como población
a los estudiantes del bachillerato de una única
institución educativa en Manta. Esta especicidad
geográca restringe la generalización de los resultados
a poblaciones de adolescentes más amplias en Ecuador
o en otros entornos culturales y educativos, lo que
subraya la necesidad de futuros estudios con mayor
alcance para validar y expandir estos hallazgos.
A la luz de estos resultados, se sugiere para
futuras investigaciones que profundicen en el rol de
los observadores de ciberacoso combinar encuestas
cuantitativas con metodologías cualitativas como
focus group o entrevistas para explorar en profundidad
las motivaciones, barreras y experiencias subjetivas de
los observadores; esto es fundamental para entender la
neutralidad observada en las respuestas relacionadas
con la inacción. Así mismo, se podría explorar en
otros contextos si aspectos como el miedo a ser blanco
de acoso o el rechazo social tampoco emergen como
factores signicativos en esta población, indagar si la
difusión de responsabilidad marca otras dinámicas de
comportamiento de los adolescentes en el ecosistema
digital.
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