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INTRODUCCIÓNINTRODUCCIÓN
La educación superior enfrenta una encrucijada
marcada por el rápido avance de tecnologías
emergentes. La denominada Cuarta Revolución
Industrial, caracterizada por la convergencia de lo
físico, lo digital y lo biológico, transforma la manera
en que las personas viven y trabajan, impulsada por
innovaciones como la biotecnología, la computación
cuántica y, especialmente, la inteligencia articial
(Schwab, 2016).
En este contexto, la educación superior
está obligada a analizar críticamente el impacto de
estas tecnologías. Herramientas como el Internet de
las cosas, la computación en la nube y la IA se han
vuelto imprescindibles en el entorno profesional,
congurando nuevas demandas para docentes,
estudiantes e investigadores (Cobo, 2019; UNESCO,
2021). Por ello, la reexión sobre el papel y las
implicaciones de la inteligencia articial se vuelve
central en las instituciones de educación superior.
Este desarrollo tecnológico adquirió notoriedad desde
el año 2013, con la aparición de la aplicación de fácil
acceso ChatGPT, presentada por la empresa OpenAI.
Este hecho popularizó el uso de la denominación
IA, es decir, el concepto entró en boga y la moda ha
hecho que sea utilizado de forma vacua, incluso sin un
conocimiento cierto de su alcance, ventajas, riesgos y
estadios verdaderos de desarrollo. Lo cierto es que la
IA tiene una amplia historia; de hecho, el término fue
acuñado en 1956 por John McCarthy, pero en 1950
Alan Turing preguntaba, en su artículo “Computing
Machinery and Intelligence”, si las máquinas podían
pensar, si tenían inteligencia. Así, la IA (o de las
computadoras) se reere a la posibilidad de que las
máquinas relacionadas con la informática desplieguen
procesos cognitivos semejantes (total o parcialmente)
a los de los humanos, en n, de que sean inteligentes.
Las máquinas inteligentes aprenden, resuelven
problemas, ejecutan tareas, procesan información,
toman decisiones (Rouhiainen, 2018), en otras palabras,
roban el protagonismo exclusivo a la inteligencia
humana. La IA procesa grandes cantidades de datos y
realiza operaciones ordenadamente, lo que vale decir
que utiliza algoritmos; comprende las características
de la información, la analiza y toma decisiones.
Repiso (2024) se sorprende ante la habilidad
de la IA para generar conocimiento con autonomía.
En tal sentido, interesa, en este discurrir sobre la
IA en ES, el desarrollo de la Inteligencia Articial
Generativa (IAG), de máquinas que tienen el poder de
crear contenido novedoso de forma independiente, en
lenguaje natural, emulando el lenguaje humano. Así,
la IAG es capaz de producir textos, imágenes, videos,
audios, además de realizar traducciones, responder
preguntas, clasicar textos, crear códigos, resumir
textos, hacer paráfrasis, convertir imágenes en texto,
producir diálogo, entre otros (Juca-Maldonado, 2023;
Navarro-Dolmestch, 2023).
Estas tareas son usuales, indispensables e
ineludibles si existe la pretensión de generar nuevo
conocimiento, como lo es el rol fundamental de
la investigación académica. Las instituciones de
ES aportan al desarrollo de las sociedades que las
enmarcan por medio de investigaciones que se orientan
hacia el logro de objetivos no sólo institucionales, sino
también de macrobjetivos nacionales vinculados a las
necesidades sociales, económicas, medioambientales
(Kerr, 2001; OCDE, 2017).
La magnitud de la responsabilidad y actividad
de las universidades en la producción de conocimientos
pertinentes es el motor que impulsa la concreción
de una cultura de investigación propia, cónsona con
la visión y misión que la institución haya asumido.
Los componentes de la investigación señalados por
Criado-Dávila, Sánchez-García e Inga-Arias (2020)
son de obligatoria concurrencia para poder armar
que existe cultura investigativa: Lo primero, el capital
humano; lo segundo, la solidez de la institución en
gestión, normalización y regulación; lo tercero, la
divulgación y socialización de los resultados.
Por otro lado, la cultura de investigación supone
el dominio de diversas competencias procedimentales:
conocimiento metodológico y teórico, búsqueda y
procesamiento de información, producción textual.
Además, son consustanciales a la investigación las
habilidades cognitivas de orden superior al lado del
pensamiento crítico y autónomo. Y, junto a ello, una
comunidad de investigación en la que se comparten
valores, normas, códigos éticos (Palacios, 2023).
Dávalos González, M. V. y Palacios Mieles, V. D. Rev. Educ. Art. y Com. Vol. 15 Nro. 1, Enero - Junio 2026: 86 - 103